Del oro panamericano al “no hay plata”: la historia de un campeón que hoy pide dignidad desde Lampa
ENERO 23, 2026 a las 11:53 AM
Desde Lampa, un ex campeón panamericano con AMC denuncia falta de apoyo y pide reconocimiento tras años representando a Chile.
Tiene 47 años, vive en Lampa y convive con artrogriposis múltiple congénita (AMC): una condición que no es una sola “enfermedad” única, sino un hallazgo clínico que agrupa más de 300 trastornos en los que el bebé nace con contracturas articulares en dos o más zonas del cuerpo, presentes antes del nacimiento. Con ese diagnóstico como telón de fondo —y una vida completa adaptándose a un mundo que no siempre adapta para él— hoy levanta la voz con una pregunta simple y dolorosa: ¿qué pasa cuando un país aplaude a sus campeones… pero no se hace cargo cuando necesitan apoyo?
“Fui campeón… y hoy me dicen que busque patrocinador”
Su relato parte desde los logros. Habla sin rodeos: cuenta que fue cuatro veces campeón nacional, campeón panamericano, que fue homenajeado en La Moneda y en el Estadio Nacional, y que actualmente trabaja como profesor de tenis de mesa en un colegio, donde —según su testimonio— han conseguido medallas que antes no se lograban.
Pero la historia cambia de tono cuando describe su presente.
“Yo le escribí al Estado”, dice. Y afirma que la respuesta fue: “consíguete un patrocinador” para presentar una solicitud de “atención de gracia”.
En su versión, su caso tendría un carácter excepcional por su trayectoria deportiva: se identifica como el primer medallista de oro panamericano del tenis de mesa en un extenso periodo histórico del deporte, y agrega que pasaron 20 años para que Chile volviera a lograr un oro en esa disciplina.
La visita a la municipalidad y la frase que lo quebró
Buscando apoyo, relata que acudió a su municipio y que una directiva contactó a una contraparte de gobierno. La respuesta, según su testimonio, fue tajante: “No hay plata… no tenemos lucas para poder darte la atención de gracia”.
En ese punto, su voz se carga de frustración. “Es injusto”, repite.
Y su argumento va más allá de su caso personal: plantea que, cuando pidió reconocimiento y apoyo, sintió que su trayectoria fue minimizada. “Yo estoy pidiendo que a mí se me reconozca como deportista… y me dicen que no, que no hay plata”, sostiene.
El otro lado del campeón: el profesor que “siembra”
Hay una escena que contrasta con todo lo anterior y explica por qué esta historia toca fibras: pese a la rabia y el desgaste, sigue enseñando.
Cuenta que un padre llegó frustrado por su hijo —un niño al que le faltaba un brazo— y temía que lo discriminaran. Él pidió tiempo para trabajar con el menor. Relata que, buscando una solución, desarmó un reloj y adaptó una pieza para que el niño pudiera afirmar la pelota y mejorar el saque.
El resultado, según su relato, fue tan evidente que una persona encargada de fiscalizar su taller se emocionó al ver el avance.
Y luego vino la frase que, en su historia, vale más que una medalla: el padre se le acercó y le dijo “usted es un maestro”.
“Tecnología” para fiscalizar: una propuesta concreta desde la experiencia
No todo en su testimonio es denuncia. También hay propuestas.
Pone un ejemplo cotidiano: cuando un auto sin credencial ocupa un estacionamiento para discapacidad, dice que denunciar implica perder al menos 20 minutos esperando a Carabineros.
Y plantea una idea inspirada en modelos externos: usar evidencia digital (foto con fecha y hora) y un canal directo de envío para fiscalizar sin depender de largos tiempos de espera. “Una foto sale con fecha, con hora, con todo”, argumenta.
Lo que queda abierto: reconocimiento, políticas públicas y dignidad
Su caso —tal como él lo narra— cruza deporte, discapacidad, burocracia y reconocimiento. Y abre preguntas que incomodan:
- ¿Cómo se acompaña a deportistas que representaron al país cuando termina la etapa competitiva?
- ¿Por qué el acceso a apoyos o reparaciones percibidas como justas puede depender de “buscar patrocinador”?
- ¿Qué rol deben jugar municipios, Estado y federaciones en trayectorias marcadas por la excelencia deportiva y una condición como la AMC?
En Cero Anestesia creemos que estas historias no se cuentan para buscar lástima, sino para exigir dignidad, visibilizar vacíos y empujar soluciones. Porque cuando un país celebra el podio, también debería hacerse responsable del después.